martes, 23 de noviembre de 2010

CLAVE OCULTA DEL NUEVO TESTAMENTO

Comparto contigo las primeros 12 capítulos de este libro sobre la vida oculta de Jesús. Lo he escrito en colaboración con Quintín García. La Editorial Círculo Rojo acaba de imprimirlo Este enlace al booktrailer hace un resumen muy escueto del libro:  http://youtu.be/CS3Hx6k6xbY

Espero que sirva para expandir el mensaje y las insignes figuras de Jesús y de Cristo. Se que para muchos será falto de rigor histórico; pero eso importa poco, ya que dentro de todo es una novela de ficción y de realidad, que va más allá de las manipulaciones que han sufrido sus sabias palabras.









Depósito legal 02/2009/3789




Los autores, sin su consentimiento específico, no permiten la reproducción total o parcial de este libro. Es aplicable el artículo 270 y siguientes del código penal.



Prólogo





Tal vez es excesivo nuestro atrevimiento al escribir un nuevo libro sobre la vida de Jesús y de Cristo. Seguro que no somos capaces de imaginar los ríos de tinta, cómo se decía hace unos años, que se han vertido sobre el tema.

Nuestro deseo es dar un significado más amplio a los conceptos estrechos que existen en algunas mentes, y que son el reflejo de una época pasada, la de Piscis.

Los inventos se suceden a una velocidad tan vertiginosa que hacen muy difícil la completa adaptación de nuestras mentes a los mismos. Significa que, mientras nos dedicamos a modelar nuestros pensamientos, ya han acaecido otras innovaciones que hacen que algunas de nuestras ideas queden anticuadas y obsoletas.

Existe un hecho que puede ser un ejemplo de cómo los nuevos hallazgos no modifican nuestro modelo de universo, y por ende, nos mantienen anclados en una opinión que es difícil de sostener. El descubrimiento de miles de billones de estrellas con sus respectivos planetas debería desmitificar la importancia que el ser humano se asigna tanto a sí mismo cómo a sus procesos históricos. Debería comprenderse que el más sabio y el más santo de los seres de la Tierra es solamente un diminuto punto de energía dentro de una galaxia de los miles de millones que existen, y que las conciencias que puedan representar esos mundos tan alejados no pueden expresarse en todo su esplendor en un minúsculo punto físico tridimensional.

Por mucho que nos pese, no somos el centro del universo, aunque bien enfocado podríamos decir que es así, ya que al ser un espacio infinito, cualquier punto equidista del resto exactamente la misma distancia, es decir infinito. Esto mismo puede decirse del tiempo, pues al ser infinito, cualquier momento es el punto medio entre el pasado y el futuro, por lo que lo único que importa es el aquí y ahora.

Einstein ya lo veía y dijo “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”



Intentamos enmarcar las vidas de Jesús y de Cristo, en un proceso cósmico de evolución ininterrumpida que lleva desde la densa materia hasta las excelsas Conciencias que habitan en las múltiples dimensiones.

No podemos separar la evolución física de la evolución espiritual, pues ambas se desarrollan a la par, y tanto una como otra son aspectos del mismo Ser, cómo rezan las enigmáticas palabras de Pablo de Tarso “en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” con las que se indica la existencia de una excelsa conciencia unificada en la que habitamos.

Creemos que la aparición de Cristo no es algo que se pueda atribuir a una sola religión, ni cultura, ni siquiera a una civilización. El Corazón de un Ser, que tiene cómo residencia y cuerpo el planeta Tierra, se ha expresado a lo largo de millones de años a través de sus “Hijos”. Es un pensamiento lógico, si nos basamos en la teoría del hilozoísmo del universo, por la que nos atrevemos a sugerir que “El espacio es una entidad” y que ese espacio aparentemente vacío es una conciencia sobre otra conciencia y sobre otra conciencia, siendo esta última la humana.

Animamos a no olvidar, a lo largo de esta novela-ensayo, la relación para nosotros eterna, entre el Sol, las estrellas cercanas, la Tierra, y su reflejo en nuestras civilizaciones con la aparición cíclica de excelsas conciencias. Una de ellas es el Cristo, Maestro de Maestros y de Ángeles.

Su energía y vida ha estado presente con diversos nombres desde hace miles de años, no únicamente en los dos mil últimos, y menos aun, encerrado en los dogmatismos de una religión.

El corazón de la Tierra es mucho más grande que cualquier limitación impuesta al mismo por algunas mentes de otros tiempos. No se va a dañar ninguna parte esencial del Cristianismo, sino al contrario, se intenta mostrar que la figura de Jesús el Cristo no ha sido todavía estudiada ni comprendida completamente. Por ello, pensamos que es posible elevar más el rango de Su personalidad, Su mensaje y Su sacrificio.

Queremos dedicar este libro a todos aquellos que tienen fuego en sus corazones, para que aviven la llama de su fe. También, a los fríos de corazón, que no se creen nada de lo que les han tratado de enseñar, y a los tibios de corazón, deseando que encuentren en estas páginas algún argumento que les conceda una nueva oportunidad de contactar con su alma inmortal. Este es nuestro humilde y sincero deseo.

No hay que olvidar que este libro es una novela de tipo documental, en la que se mezclan ficción y realidad psíquica o intuitiva lógica, y que trata de alumbrar la realidad de la vida de Jesucristo. El lector juzgará por sí mismo que partes merecen su aprobación y aquellas que no vibran con sus íntimas convicciones.

Para continuar, sería bueno rasgarse las vestiduras (deshacerse de todos los prejuicios adquiridos) y abrir las mentes y los corazones, pues vamos a aportar algunos detalles nuevos, susceptibles de ser considerados cómo transgresores de las creencias o dogmas imperantes en este principio del siglo XXI.

Pensamos que esta novela-ensayo va dirigida a un amplio abanico de público, cada vez más numeroso, que espera hallar en el interior del mismo un valor añadido, algo más que una historia. Puede servir tanto, de agradable lectura, cómo de tema de meditación durante muchas semanas para intentar comprender que “esas cosas mayores que somos capaces de hacer”, están al alcance de todos nosotros. Ya que, según nos dijo Jesucristo, “En verdad os digo que vosotros sois el templo de Dios”.

San Francisco de Asís nos dejó estos versos.



Dios sonríe en las flores,

murmura en la brisa,

pregunta en el viento,

responde en la tempestad,

canta en los ríos.

Todas las criaturas hablan de Dios cuando el corazón está lleno de Dios



(También podría decirse, con mucha humildad, que Él escribió estas páginas)

















PRIMERA PARTE

Capítulo 1

Un hombre hacia su destino



Un hombre alto, fuerte, de porte señorial y cabello oscuro, teñido por leves tonalidades blanquecinas cerca de las sienes, caminaba por la Gran Vía de Barcelona. El estridente sonido del denso tráfico apenas era percibido por sus oídos. Llegó a Paseo de Gracia, giró hacia la Plaza de Cataluña, y desembocó en Las Ramblas. Pasó al lado del antiguo Café de Canaletas, hoy Burger King; continúo bordeando el sempiterno Restaurante Nuria, enfrente del cual está la Fuente de Canaletas, que según dice la tradición, quien bebe de sus caños, volverá nuevamente a la ciudad. Siguió caminando junto al edificio de los Almacenes Sfera, antigua sede del Banco Central de Barcelona, que al igual que la Sastrería Modelo sufrieron los embates de la especulación inmobiliaria y sus propietarios optaron por vender los edificios a otras empresas. Lo mismo le ocurrió al emblemático SEPU, almacenes populares con precios muy competitivos, que hoy alberga diversos negocios de ropa juvenil y en la terraza, un bar restaurante de precio, calidad y servicio muy aceptable.

David paseaba de forma tan automática que si alguien le hubiese preguntado por las personas raras que se habían cruzado en su camino, o los edificios, cubiertos de andamios, que estaban siendo reformados bajo el paraguas financiero del Ayuntamiento de Barcelona con su campaña “Barcelona posat guapa”, quedaría sorprendido, casi perplejo, por la extraña muestra de curiosidad del interlocutor y probablemente contestaría que era impensable tamaña pérdida de tiempo, y que debía dedicar toda su energía a desentrañar los inextricables misterios de la vida.

Por fin llegó al Café Moka, enfrente del cual se puede contemplar la vieja sede de la Real Academia de las Ciencias y de las Artes, que muestra sobre su tejado las dos bellas cúpulas del observatorio astronómico y algo que David siempre, consciente o inconscientemente, miraba: el reloj que indica la hora oficial en España. Este palacete se empezó a construir en 1770 y se modificó en 1883. Hoy alberga el famoso Teatro Poliorama.





















Capítulo 2

En la cafetería Moka

-¿Lo de siempre don David? –le preguntó amablemente el camarero.

-Sí, gracias-respondió automáticamente.

Abrió uno de los libros de Alice Ann Bailey titulado “De Belén al Calvario” cómo si le fuese la vida en ello. Era la enésima vez que lo leía. No prestó atención cuando el joven dejó la taza sobre la mesita. El café se había ido enfriando a la par que los débiles rayos de un tímido sol de invierno se habían difuminado y casi desaparecido de Las Ramblas. Tampoco se había percatado de que en la mesa contigua alguien permanecía, estoicamente sentado, sosteniendo en sus manos un grueso volumen con los cantos de las páginas tintados de color dorado, que le observaba con enorme interés.

Sin lugar a dudas, el título del delgado libro de tapas azules de David le había llamado la atención. Francisco deseaba entablar conversación. Anhelaba preguntar y contestar, pero respetó aquel momento sagrado en el que un ser humano ejerce una de las más maravillosas virtudes que posee, su capacidad de pensar, de visualizar, de atisbar los mundos que están en su interior, y a los que únicamente se puede acceder a través de esa misteriosa máquina que es el cerebro; pero, y esto tal vez se demostrará un día, ayudado con la fuerza del corazón, pues la contraparte etérica (eléctrica y electro-magnética) del mismo tiene una valiosa virtud, la de atraer magnéticamente lo que le es similar, y también dirigir, hacia los lugares que tienen una vibración semejante, los anhelos y pensamientos que se forjan en la mente. Seguro que en un futuro no muy lejano se podrán comprender completamente estas cuatro palabras: expansión de la conciencia. Cuando nos expresamos con esta frase no comprendemos el verdadero alcance de la misma. Podríamos matizarlo añadiendo: expansión de la conciencia a través de otra Conciencia. Los seres humanos podemos ser capaces de aprovechar los depósitos de memoria de otras almas cuya posición en el camino de la vida es más avanzada. Hacen referencia a la comunicación, en la mayoría de los casos inconsciente, de las almas y su contenido mental.

Después de esta disertación, podríamos afirmar que el pensador, David, permanecía sumergido en el mundo mental, sin estar limitado a su propia mente, sino que era capaz de extraer cierta cantidad de información-vida depositada en algún otro lugar. Diríamos que su ordenador era capaz de establecer contacto con otros ordenadores en el espacio y en el tiempo sin cables ni relaciones aparentes; de una forma similar al sistema de comunicación “bluetooth”. Expresándonos en términos informáticos, su capacidad de pensar y visualizar se extendía a través de una enorme red inalámbrica de mentes.

Desde hace unos años, lo que parecía milagroso, comienza a ser un hecho normal. Véase: decir unas palabras, dar varias palmadas o apretar un botón y que se abra por arte de magia una puerta. ¿No nos recuerda nada? Claro, seguro que hemos recordado instantáneamente las palabras “ábrete sésamo” que se pronunciaban en el famoso cuento de “Alí Babá y los cuarenta ladrones”.

Hemos entrado en un nuevo mundo caracterizado por los poderes de la mente y del corazón, los que estaba utilizando nuestro protagonista David cuando intentaba forjar una visión más humilde, sencilla y veraz acerca de uno de los grandes misterios y enigmas que ocurrieron hace unos dos mil años: la vida de Jesús el Cristo.

































































Capítulo 3

El Eterno Presente

Para poder conceder alguna posibilidad de veracidad a las facultades de nuestro protagonista, David, se hace necesario delinear sucintamente su cosmovisión.

El Universo con sus billones de galaxias y trillones de estrellas es una incomprensible conciencia compuesta por una cantidad inconcebible de conciencias cósmicas, que a su vez se subdividen en trillones de sistemas solares, siendo cada uno una entidad formada por infinitos puntos de luz, amor y voluntad, más conocidos cómo almas o espíritus que dan vida a los cuerpos a través de los cuales se manifiestan. (Hablando en términos matemáticos, infinito es cualquier magnitud superior a un trillón de unidades, es decir: un 1 y 18 ceros)

Nuestra mente se extravía con el simple hecho de contar las estrellas de nuestra galaxia. Los astrónomos realizan una extraordinaria labor que amplía cada día la magnitud del cosmos, y expande, a su vez, nuestra propia comprensión. Es absolutamente imposible abarcar con nuestra mente todos los procesos, todas las facultades, todas las virtudes, toda la diversidad de seres vivos conscientes, auto-conscientes o supra- conscientes (podríamos atribuir esta palabra a todo lo que es denominado conciencia grupal, conciencia planetaria, conciencia solar, etc.) que componen la totalidad de lo que nuestros astrónomos han conseguido confirmar, y que se da por supuesto que no es el Todo.

No debemos olvidar que únicamente estamos hablando del primer nivel, dimensión o plano para nuestros sentidos físicos y que conocemos cómo tercera dimensión (alto, ancho, largo, a lo que ya todos añaden el tiempo o cómo unidad el espacio-tiempo). A este plano físico habría que agregar diversos niveles o dimensiones. Incluso los astrofísicos y matemáticos aceptan, al menos de forma teórica, en muchos casos hasta diez o incluso doce dimensiones. Indicándonos que pueden estar compenetrándose simultáneamente diversos mundos paralelos de materia y de antimateria.

Los científicos están en su total derecho, y además tienen la divina obligación, de salvaguardar a los componentes de la raza humana de caer en supersticiones y creencias que tanto daño pueden hacer, aunque ellos mismos tienen que adaptar sus paradigmas a realidades constantemente ampliadas y renovadas.

Hay que evitar hacer del ser humano un ser supersticioso que cree que el hecho de vestirse con una camiseta de cierto color le va a traer la suerte durante todo el año siguiente, y al final se convierte en esclavo de cualquier moda estrafalaria que a cualquier insensato se le pueda ocurrir. Por lo tanto, es preferible ser un científico-agnóstico que camina paso a paso, lentamente sobre suelo firme y seguro, que un humano supersticioso, sin suficiente confianza en sí mismo o sin suficiente discernimiento, que hace todo lo que le dicen sin pensar si tiene cierta lógica o no.

Por el momento hay ciertos aspectos de la realidad que la ciencia no ha estudiado y es aquello que una mente puede percibir cómo procedente de los sutiles mundos internos o paralelos al nuestro.

Estudiar toda gama de imágenes, sonidos, vibraciones indescifrables que se transmutan al llegar al receptor humano en pensamientos y sentimientos nos llevaría gran parte de nuestra vida.

Una vez matizados los inmensos beneficios que nos proporciona la ciencia, así cómo ciertas limitaciones, regresemos a las galaxias y las estrellas, si bien para nuestro propósito descenderemos a nuestro sistema solar. Desde nuestro punto de vista, es el vehículo físico de un ser de tan inconcebible excelsitud que todo lo que podemos ver y percibir es sólo el reflejo de su alma.

Esa alma o conciencia, o lo que pueda ser, está compuesta de innumerables almas o puntos de luz con autoconsciencia que son esencias ígneas inmortales. Y al igual que nosotros, los humanos, residimos durante muchos años en un cuerpo que está compuesto por miles de millones de células, esas esencias perduran durante toda la prolongada vida del sistema solar físico que conocemos. Las almas, luces de amor y poder, ceden parte de su esencia al ser humano para que adquiera autoconciencia, que no es solamente un conglomerado de procesos mentales, mientras dura la existencia en este marco tridimensional del cuerpo físico.

Es decir, que la esencia de luz, amor y poder siempre permanece rodeando, impregnando y colmando toda la existencia física. Desde la profundidad de los núcleos de fuego de los planetas, pasando por la tierra, el agua, el aire y los aparentemente espacios vacíos interplanetarios (llamados, a falta de mejor término, materia oscura) hasta llegar al depósito de vida que es nuestro sol, corazón del sistema solar.

Afortunadamente, los hombres somos mundos cerrados con un pequeño ámbito de actuación y un limitado poder de captación de tamaña cantidad de vibraciones.

En todas las épocas los místicos han rasgado el velo y han sido testigos de la luz, aunque parece que no han tenido mucho éxito al tratar de transmitir esas visiones, por adolecer de terminología comprensible a la mentalidad de la época.

Al igual que hay acontecimientos que mantenemos en nuestra mente durante los años de existencia terrenal, y sin embargo los átomos que los sustentan ya no son los mismos, de igual forma se puede deducir que acontecimientos muy cercanos, apenas dos mil años, se mantienen plasmados en algún lugar o conciencia de los puntos de luz, amor y poder que pueblan la vastedad del sistema solar, independientemente de que algunos materiales ya no sean los mismos.

Con estas premisas, sólo nos queda tener la suficiente capacidad para atravesar todas las formas de materia emocional que han forjado los miles de millones de creyentes, las estructuras de pensamiento que han delineado miles de millones de pensadores, y después de no perdernos en tan inextricable selva, acceder al lugar donde verdaderamente están custodiados algunos de los acontecimientos de nuestro planeta y del sistema solar. Dicho lugar es conocido como “registro akáshico”, que en términos psicológicos es conocido como “anima mundi” o “inconsciente colectivo”.

Creemos que esta explicación es necesaria y que puede tomarse cómo una hipótesis inicial de trabajo. Los peligros son grandes, pues si somos compartimentos estancos, probablemente es para nuestro bien. Si una semilla debe permanecer bajo tierra durante un tiempo, es porque no resistiría la fuerza de los elementos. Si un pensador necesita aislarse del mundo en ciertos momentos, es para poder organizar, desarrollar y finalmente comprender las ideas o los pensamientos. De igual forma, mientras crecemos, los seres humanos debemos permanecer en la cueva de nuestro cuerpo-mente y no percibir la inmensa luz de la vida con la que estamos conectados, seamos o no conscientes de ello. Está claro que si, sin previo aviso, fuésemos sometidos al impacto de todas las comunicaciones que atraviesan la Tierra en un momento dado, nos volveríamos locos.

Millones de voces e imágenes invadirían nuestra mente y la sofocarían cómo a un dorado grano de trigo expuesto a los rayos del sol, a la fuerza de los elementos, al hambre de los pájaros o la voracidad de los insectos.



































Capítulo 4

Buscando una parte de la verdad

David llevaba muchos años tratando de penetrar en el cuadro real de la vida de Jesús, más concretamente en su nacimiento, tan manipulado por los diferentes papas y sínodos. No había manera de despejar todas las dudas que surgían en su mente

¿Era virgen la madre de Jesús? Efectivamente, parecía virgen, pero en aquella época no se sabía nada acerca de la manipulación genética o de la inseminación in vitro. Quizás, cómo mucho, cabía aceptar que un “ángel” o un “espíritu santo” la hubiese dejado embarazada, sin romper el sello virginal, de parecida forma a como “un rayo de sol pasa a través de un vidrio sin romperlo ni mancharlo.”

Había dedicado innumerables días y esfuerzos tratando de separar toda la tradición de la realidad, pero se encontraba con millones de formas mentales en torno al magno acontecimiento... y los evangelios, fuesen del tipo que fuesen, no aportaban pistas fiables de lo acaecido “in illo tempore”.

Gracias a su facultad de indagar en los planos o dimensiones paralelas, pudo captar que el sitio en el que se ubicaba el mencionado suceso estaba en las afueras de Nazaret, a poco más de un kilómetro del centro de la población. Era una cueva en la que los pastores solían guardar heno y resguardarse durante los días lluviosos. No ofrecía muchas comodidades, pero José, carpintero de profesión, pensó que podría arreglarla con poco esfuerzo.

Tampoco ocurrió el día 21 (solsticio de invierno) o el 25 de Diciembre, tal y cómo las autoridades eclesiásticas habían asignado, y de esta manera hacer coincidir los acontecimientos acaecidos con las fechas de las antiguas tradiciones paganas.

Si, tal y cómo él creía, había conseguido penetrar en las brumas de los siglos, el nacimiento había sucedido al final del invierno. La primavera ya empezaba a atemperar el ambiente y calculó, por la posición de los planetas, que debería de haber sido a finales de febrero. Luna llena… la hora debía rondar las 6 de la tarde, pues el sol se estaba poniendo.

Piscis asumía la regencia de los cielos y la posición de “Virgo en el ascendente” era el punto principal a tener en cuenta. Quizás era una de las causas por las que se decía simbólicamente que la madre era virgen. Y se podría añadir, por deducción, que el niño estaba constituido de materia virgen, libre del pecado original o karma de los cuerpos heredados. (Astrológicamente estaba situado en el eje Piscis-Virgo, o los peces y el pan. -Representado por la estrella más brillante de Virgo, “La Spica”-)

No le cabía la menor duda de que Jesús era un iniciado que aceptaba encarnarse en un cuerpo especial. Incluso su madre, María, fue cuidadosamente escogida para que pudiera albergar un cuerpo de una pureza tan especial. De igual modo, los abuelos maternos de Jesús: Joaquín y Ana, fueron manipulados genéticamente para asegurarse de que la descendencia de María estuviese libre de taras genéticas. No es de extrañar que Jesús tuviera un cuerpo atlético y de una estatura muy superior a la media de su época.

El investigador de mundos mentales o paralelos había descubierto en sus indagaciones la existencia de una intensa luminosidad, tanto durante el día cómo en la noche. También había sido testigo de que en la escena del magno acontecimiento había implicadas varias entidades de apariencia brillante. Al principio había pensado en ángeles; si hubiese vivido en otra época habría solucionado el enigma con el mencionado concepto. Sin embargo, tenía la suerte de vivir en un mundo en el que existía la posibilidad de viajar por el espacio, aunque fuese muy cercano, y llegó a la conclusión de que se trataba de científicos “extraterrestres” (o de miembros de la Gran Fraternidad Cósmica en nuestro planeta) tal y cómo indicaba el atuendo y la forma en que manipulaban aquel cuerpecito. Probablemente, era necesaria esa intervención para que el vehículo físico fuera perfecto en este mundo tridimensional, y se acoplara a las duras condiciones ambientales de aquella lejana época.







































Capítulo 5

El seminarista

Las finas gafas doradas de forma circular destacaban sobre su cara redondeada y de aspecto bonachón. El alzacuello blanco, que se adivinaba detrás de un abrigo oscuro y una bufanda de tonos grises, mostraba su seña de identidad. Las comisuras de sus ojos proporcionaban una agradable sensación de paz, alegría y felicidad. Muy lejos quedaban los días en que había iniciado su carrera de sacerdote, y más todavía cuando, ataviado con un pantalón corto y un jersey gris, había acudido por primera vez a la iglesia de su pueblo y, acompañado de su amada madre, había solicitado ser monaguillo.

Al principio, en el Seminario Menor, había sido todo un enreda. Allí donde había una travesura, estaba Francisco. En algunas ocasiones era tan excesivamente alegre y gracioso que los profesores se veían obligados a expulsarle de clase. En otros momentos se encerraba en sí mismo, y no aparecía en la escena diaria hasta que se recuperaba del último aviso del “padre espiritual” por volver a las andadas. En algunas ocasiones se le veía en la oscuridad de la capilla de La Inmaculada Concepción rezando fervorosamente, y al poco rato propinando una buena patada al compañero que le había quitado el balón de manera poco ortodoxa en el campo de fútbol. Para algunos profesores era un vago, y para otros un excelente alumno. Sin embargo, todos intuían que tenía algo en su interior que le hacía destacar. Parecía que su norma de vida era dar una de cal y otra de arena, cómo le decía su madre. Tal vez se debía a que en ningún momento deseaba que le asignasen un determinado status, un molde que le sujetase o le comprometiese excesivamente. Esta tendencia o peculiaridad era totalmente instintiva a su edad, si bien era un claro indicio de su deseo de libertad interior.

Así transcurrieron sus primeros siete años en el Seminario Menor. A los diecisiete años, justo cuando debía pasar al Seminario Mayor para empezar Teología, tuvo una de las crisis más graves hasta ese momento. Se enamoró de Cristina, una de las chicas más guapas de su pueblo. Estaba dispuesto a dejarlo todo. Trabajaría de oficinista en una entidad financiera, para la que le habían ofrecido el puesto de auxiliar administrativo, y luego se casaría con ella - se decía a sí mismo. Pero su ilusión duró hasta el día en que vio a su “amada” cogida del brazo de un joven mayor que él y que hacía la mili. Él ni siquiera se había atrevido a declarar a la chica el intenso amor platónico que sentía por ella.

Una vez enfriadas sus ilusiones, comprendió que, en verdad, por quien sentía verdadera devoción era por su señora, La Inmaculada Concepción. Así pues, decidió continuar su carrera de sacerdote y pasó al Seminario Mayor, a las afueras de la ciudad conocida en la antigüedad por Cesaraugusta, la actual Zaragoza.



Capítulo 6

El antakarana o arco iris

A nadie le cabe la menor duda de la grandeza de los místicos de todos los tiempos y en todos los lugares del planeta Tierra. Nadie cuestiona el hecho de que encontraron un camino hacia el mundo espiritual, que algunos denominarían con el nombre más aséptico de “otra dimensión” o “estado alterado de conciencia”.

Aprendieron, gracias a sus extraordinarias virtudes y capacidades, a llegar hasta otro nivel. Ellos diseñaron sus propios sistemas. Más o menos se podría afirmar que se basaron en una vida ascética, de meditación y de contemplación, y arribaron a esos extensos mundos, sin tener una teoría sobre el acceso a otras dimensiones y precauciones que se debían tomar.

Se arrodillaban ante un crucifijo, ante la imagen de un santo, de una virgen, incluso de un árbol o de una roca especial, y utilizando oraciones, penitencias, silencios y fe, sobretodo mucha fe y traspasaban el umbral de sus propias limitaciones. No hay duda de que muchos lo conseguían con moderado éxito, y otros finalizaban en el éxtasis de la contemplación de Cristo y en la divina unión con Él.

Percibían perfectamente cómo la luz llenaba su alma, incluso su cuerpo físico, y llegaban a tener una perfecta visión de la divinidad. Su conciencia se unía a la de las sagradas conciencias del cielo y accedían a la visión de acontecimientos pasados, presentes y lejanos en el espacio-tiempo. Ellos fueron grandes. Debían tener fe en muchas cosas, y dieron pasos de gigante. A fuerza de visualizar y rezar establecieron una unión con el alma y con el espíritu o “padre en los cielos”, y también sintieron la sensación de pérdida y dolor cuando el éxtasis desaparecía.

Durante unos instantes habían llegado a ser vasos llenos de luz y después de varias horas de estancia en el otro mundo regresaban a las penalidades de las duras condiciones de vida de la gente corriente.

Realmente, habían construido un arco iris hacia más arriba de sus cabezas. Habían tejido con su voluntad, fe y enorme esfuerzo el puente de luz que puede unir el corazón y la mente del ser humano con la materia más sutil que, justamente encima de nuestras cabezas, constituye el vehículo del alma y de la mónada (alma superior o “padre en los cielos”) también conocido como loto de doce pétalos y la joya engarzada en su centro más recóndito. Éste último es el punto atómico donde se une la voluntad humana con la voluntad del supremo Señor de la Tierra.

Podríamos argüir que los místicos de antaño conectaron con el Señor del Mundo, (Dios regente de este Planeta o Logos Planetario, uno de cuyos nombres es Sanat Kumara) a través de un arco iris o “puente” en materia sutil y luminosa que se crea gracias al pensamiento, unido a la devoción y la voluntad, llamado “antakarana” en sánscrito.

Probablemente fue de una manera inconsciente, en el sentido en que podemos afirmar que un conductor puede conducir un vehículo sin saber exactamente si el motor es de cuatro o más cilindros.

Posteriormente, gracias a las comunicaciones, Oriente y Occidente intercambiaron sus conocimientos, y los antiguos místicos accedieron a nuevas y desconocidas técnicas para ellos, cómo teorías sobre la constitución del hombre o del Universo. Ello facilitó y mejoró las posibilidades de conexión con “otros mundos” o estados de conciencia más sutiles y su comprensión intelectual.

Podría decirse que los místicos y videntes también vieron la realidad, pero había detalles que no pudieron interpretar, pues no existía el suficiente abanico de conceptos en sus mentes con los que poder identificar ciertos aspectos de su contemplación.







































Capítulo 7

Simbolismo del portal de Belén



David tomó la taza de café y bebió un sorbo. Ni siquiera se enteró de que estaba frío, y continuó con los ojos mirando mucho más allá de lo que contenía el libro.

Según la tradición Jesús nació en una cueva, su padre habilitó un pesebre con maderos y paja, y a su lado había un asno y un buey; pero el investigador no lo vio exactamente así, comprendiendo que los términos debían de ser puramente simbólicos. Eran una hermosa síntesis de los arquetipos y cualidades que sintetizaba en sí mismo aquel bendito cuerpecito.

La cueva simbolizaba el reino mineral. El pesebre representaba al reino vegetal. Los animales aludían al reino animal. Los pastores y los padres personificaban el reino humano. Y para terminar, los ángeles, que cantaban y glorificaban a Dios en las alturas celestiales, representaban el reino espiritual. Los símbolos estaban catalizados por aquel bebé tan especial y divino. Indicaban que cada reino había aportado lo mejor de su esencia en la construcción del vehículo físico de Jesús.

La tradición nos habla de que de oriente vinieron tres reyes magos, la tierra por donde sale el sol o la luz de la visión intuitiva. Los tres reyes magos, escoltados por un ejército de 144.000 soldados, llevaron presentes y bendiciones para el niño Jesús... y una “estrella” guió sus pasos hasta la misma casa. Esto último parecía una clara alegoría o llamada a la intuición, pues debido a la distancia con cualquier estrella, no sería posible localizar con referencia a la transición del objeto celeste, ni siquiera una nación entera, incluso aunque se intentase hacer la medición con la posición de la Luna.

La analogía daba pistas de la síntesis simbólica que adornaba al bendito niño.

El rey negro simbolizaba la raza lemur y el cuerpo físico. El rey amarillo personificaba la raza atlante y el cuerpo emocional. El rey blanco representaba la raza aria y el cuerpo mental.

Los regalos que portaban los reyes magos también arrojaban más datos sobre la divinidad de Jesús.

Traían oro, lo mejor del reino mineral; incienso, lo más oloroso del reino vegetal; almizcle, la mejor fragancia del reino animal.

De joven, David había estudiado árabe y había podido comprobar que esa analogía, para que fuera perfecta, debería de ser buena en todos sus términos. Parecía ser que el primer traductor del arameo desconocía esa palabra, almizcle (al mirs) y en sustitución utilizó (al mirr) o mirra. (La diferencia la constituía una pequeña prolongación del rabito de la “r” que se convertía en “s”).

Ese ejército de 144.000 soldados también es una cifra simbólica, pues representaría que los cuerpos de este extraordinario niño, eran perfectos, pues tenían la totalidad de sus energías despiertas y organizadas adecuadamente, era un niño “liberado de la atracción mundanal”… había renunciado a su sitial en la “casa del padre”.

El vidente se sentía feliz por ser capaz de separar el trigo de la paja. Facultad conocida cómo discriminación.

Había algo más que no había dicho a nadie. Cada nueva visión le acercaba más a un extraño estado de comunión. Tal vez, debería recordar que el vidente y la visión son la misma cosa. Quizás se estaba dando cuenta de que cada imagen que acumulaba en su memoria era una especie de arpón que se anclaba en otra conciencia. Estaba tejiendo una red de finos hilos que comenzaban a estar en sintonía con lo que percibía. La proyección o recepción de la energía desde su tercer ojo (centro de la visión etérica situado en el entrecejo) tendría consecuencias todavía desconocidas. Y comprendía que cada avenida de luz, que recibía su mente, era una conexión con una conciencia mucho mayor que la suya.



Capítulo 8

El padre Francisco.



Francisco era uno de esos pocos hombres que no tenía necesidad de expresar su creatividad o sexualidad en términos puramente físicos. Al principio pensó que tal vez tenía alguna deficiencia, pero gracias al consejo espiritual del “Padrecito”, supo que, aunque no es lo más normal, hay un uno por cien de hombres que se olvidan de la expresión física de esta energía inherente al reino animal y al humano.

Este detalle, pensamos, es muy importante, pues el celibato no le costó ningún esfuerzo. Su mente daba la impresión de haber trascendido la atracción sexual más primitiva y poderosa que reside en la mayoría de los seres humanos. No tuvo ningún problema, duda, sufrimiento añadido u obsesión soterrada en los oscuros rincones de su mente, como ocurría en muchos de sus compañeros.

Fue uno de los más destacados jugadores de fútbol; pero en balón-mano quizás sí que fue el mejor que se recuerda en la historia del Seminario de Zaragoza. Cuando lanzaba la pelota con su poderoso brazo izquierdo, casi era más emocionante ver temblar toda la portería, cuando el balón golpeaba en la escuadra, que contemplar cómo el portero se apartaba para dejar paso a un obús que se estrellaba en las redes.

“Sauras” “Sauras” –gritaban entusiasmados sus compañeros, especialmente los pequeños.

El cabello corto. El flequillo sobre su frente parecía el de un emperador romano. Y los músculos de las piernas y los brazos eran dignos de un campeón de lucha greco-romana. Los alumnos de cursos inferiores le respetaban, admiraban y soñaban ser algún día cómo él.

Durante los tres últimos cursos de Teología dejó el deporte para centrarse en terminar la carrera, en otras palabras, ser sacerdote de la Iglesia Católica.

























Capítulo 9

Apuntes sobre Jesús

David extrajo de uno de sus bolsillos, como si fuera el tesoro más preciado del mundo, una pequeña agenda, y releyó por enésima vez algunas partes de todo lo que había visto y apuntado metódicamente.

En realidad los tres reyes magos podrían haber sido médicos venidos del futuro o de una dimensión paralela, aunque parece que hay testimonios suficientes para afirmar que se trataban de tres reyes o monjes orientales, que habían recibido aviso de sus ángeles para que emprendiesen viaje hacia Palestina, siendo guiados por ellos hasta el lugar en que el Rey de reyes iría a nacer.

Esos médicos habían manipulado los genes de la línea materna de María para que Jesús tuviera un cuerpo fuerte, ágil, inteligente y sano.

Habían desmaterializado aquel feto del vientre de su madre y lo materializaron encima del camastro de paja.

Después de terminar ese alumbramiento, dieron a José los tres regalos consabidos y otros más: diez bolsas con suficiente dinero (parecían monedas de oro) para que Jesús tuviera todas las atenciones posibles, y José pudiese comprar un taller de carpintería, así como todo aquello que considerara necesario, para sostener a su familia.

También le entregaron varias cajas con unos botellines conteniendo complejos vitamínicos. Unas pastillas blancas y otras azules, con lo cual José recuperó su jovialidad y hasta le “floreció la vara”.

José se convirtió en un personaje famoso. Todos los vecinos habían visto aquella deslumbrante luz y trataban de obtener explicaciones de ese fenómeno.

José habló de ángeles; pero tanto él como María se abstuvieron de mencionar nada del parto extraordinario del que habían sido testigos.

José pudo establecerse en el barrio comercial del pueblo y muy pronto comenzó a tener pedidos para arreglar puertas, ventanas y también para fabricar muebles por parte de todos, especialmente de los sacerdotes del templo, quienes intuían que algo paranormal había ocurrido allí y sabían que algún día se enterarían de todo.

Jesús iba creciendo cómo un chico extraordinario, pues era mucho más alto que los demás. Todos le miraban y trataban con respeto y admiración.

José tenía que reprenderle repetidamente, pues Jesús hacía bastantes travesuras acompañadas de milagros que despertaban la ira y también la admiración de los demás. José sabía que Jesús era un ser especial que estaba constreñido en un cuerpo pequeñito; pero sus poderes deberían permanecer controlados para cuando fuera mayor. El poder de su palabra era muy grande a pesar de su corta edad. Parece ser que lo primero que dijo fue “Yo soy el Yo que Yo soy”… y José y María quedaron estupefactos.

Los sacerdotes del templo le rogaron que les llevara el niño para enseñarles las letras y todo lo que fuera posible; pero incluso en el aula del templo se enfrentó a todos los que le hacían preguntas como si fuera un niño ignorante… era un chico muy difícil; pero también tenía un corazón enorme y un gran poder mágico en sus palabras.

José acordó con los sinagogos del templo que le educaran de la mejor de las maneras. En pago les haría un nuevo mobiliario para el templo y pagaría el diezmo de sus beneficios.

Jesús pasaba largas horas escuchando los textos de la Torá y de otras escrituras que servirían de base a la Cábala. Su educación también incluía matemáticas, administración, historia, geografía, idiomas, rituales de todo tipo e incluso nociones de higiene, herboristería y de medicina.

Pasaba mucho tiempo con José, aprendiendo el oficio de carpintero, así cómo obediencia a la familia y a las tradiciones que algún día le instarían a transmitir.

Cuando tenía 12 años (puede ser un número simbólico, pues tiene que ver con las energías del Zodíaco así como con los pétalos de energía etérica que vitaliza el corazón) ya quería independizarse y estuvo largas horas discutiendo con los rabinos.

Según la opinión de Jesús, las escrituras no estaban interpretadas correctamente y tendrían que ponerse al día, acorde a la mentalidad de ese momento.

Él ofrecía nuevas perspectivas e interpretaciones más acordes con la nueva era de Piscis que acababa de entrar. Aries debía de ser trascendido y en su lugar el servidor de Piscis debería lavar los pies de los cansados peregrinos que se encaminasen hacia la casa del Padre.

Sus padres estaban intranquilos, pues veían cómo Jesús se les escapaba de las manos, sabían que esa hora debía de llegar tarde o temprano, y no opusieron resistencia alguna cuando él solicitó su bendición para emprender un largo viaje por el mundo y seguir aprendiendo cosas nuevas.

Jesús estaba bien preparado para ese periplo. Había recibido una educación esmerada y dominaba el oficio de carpintero, que le ayudaría a sostenerse por sí mismo.

Con varias monedas de oro para los imprevistos, un joven inteligente, fuerte y alto, con un porte que causaba respeto, partió hacia el horizonte. Le envolvía un aura especial. Su escudero era un brillante arcángel con aura de color azul celeste, símbolo de la energía del amor.



-¿Desea algo más? –preguntó el camarero a la vez que le presentaba la cuenta bajo el platito del café.

La figura de Jesús se difuminaba más allá del horizonte que dibujaban las dunas del cercano desierto…

David, saliendo de su ensimismamiento, pagó la cuenta.







Capítulo 10

Charles Duward



-Charles, ven -rogó una bella mujer.

-Sí, mamá -contestó instantáneamente el muchacho.

-¿Has cogido la bolsa con el bocadillo y la ropa para tu padre?

-Sí.

-Entonces vamos.

Madre e hijo tomaron el ferry que comunicaba la Estación Marítima, próxima al muelle 39 del puerto de San Francisco, con aquella pequeña y maldita isla de Alcatraz, donde estaba la tristemente famosa prisión del mismo nombre, primero militar y luego civil.

Un aura negra era visible a varios kilómetros, pues estaba repleta de sufrimiento, causado por la dura disciplina y los malos tratos que recibían los presos allí ingresados. Los reclusos estaban catalogados como criminales peligrosos y que pensaban diariamente cómo escaparse de aquella ratonera. No podían hacerlo a nado, pues las aguas de la bahía estaban casi siempre a 4 grados, lo que hacía que la hipotermia estuviese siempre presente en sus conjeturas.

La prisión tenía fama de que nadie se había podido escapar vivo de allí, aunque había ciertas leyendas de algunos presidiarios, que venciendo el miedo y arriesgando sus vidas, habían conseguido arribar a la costa y esfumarse entre la multitud.

Hacía un calor húmedo y sofocante. Debían secarse las gotas de sudor de sus rostros cada cierto tiempo.

-Mamá…

-¿Sí?

-Explícame otra vez por qué causa fue papá a prisión.

-Tu padre fue una buena persona, pero se equivocó un día.

-¿Qué sucedió?

-Ocurrió un poco antes de nacer tú.

-¿En 1935?

-Así es, mi niño -la madre miró al pequeño hombrecito de diez años.

-Sigue mamá.

-Éramos una familia feliz. Tu padre me amaba profundamente. Todos los días me acariciaba la tripita y decía ¿cómo está mi niño?, luego cogía su bolsa de papel con el almuerzo, me daba un beso y se iba a trabajar.

El pequeño Charles apretó fuertemente la mano de su madre.

-Un día se enteró de que la compañía de seguros en la que trabajaba iba a quebrar. Lo sabían muy pocos, y, desafortunadamente, tu padre era uno de ellos.

-¿Por qué, mamá?

-Si no lo hubiese sabido, quizás no habría ido la prisión.

-…Mamá… y si papá no hubiese ido a la cárcel… ¿habría nacido yo?

Mary permaneció durante unos segundos pensativa. Aunque su hijo hacía una pregunta automática, no por ello era menos difícil de responder.

-Tienes razón. Las cosas son ahora de una forma, y de nada sirve preguntarse si hubiesen ocurrido o dejado de ocurrir de otra distinta. Bueno, cómo te decía, tu padre y unos amigos sabían lo que iba a suceder, y cómo consecuencia de la quiebra de la compañía despedirían a los empleados. El miedo al paro y la consiguiente miseria pudo más con ellos que la calma, y no se les ocurrió otra idea mejor, que falsificar varios cheques de 10.000 dólares

-¡Uao! -exclamó Charles, cómo niño que era.

-No sé qué te sorprende tanto.

-¡Cuántos dólares!

Mary acarició la cabeza del muchacho, sonrió durante una décima de segundo, y continuó

-Justo después de que quebrase la compañía, detectaron la estafa y entonces pasaron a disposición judicial.

-¿Cómo les descubrieron?

Mary continuó sonriendo por las preguntas de su pequeño. Ella misma apenas entendía los tejemanejes financieros, pero repitió algo que le parecía recordar.

-Durante un tiempo creyeron que no les desenmascararían, pero en la auditoría que se hizo a la compañía tras la presentación de quiebra, se descubrió la estafa.

-¿Qué es una auditoría?

-Es una inspección de unos señores que saben mucho de cuentas.

-¡Qué extraño, que papá siendo una buena persona hiciese eso!

-No, hijo. Los seres humanos podemos ser rectos durante toda una vida, y un buen día, por miedo en este caso, por una instantánea obnubilación, estamos sujetos a cometer un error.

-Creo que te entiendo, mamá –respondió el pequeño.

Cuando estaban llegando al embarcadero de la cárcel, Charles no imaginaba que lo primero que escucharía sería la noticia de que John Duward había muerto en su celda debido a un infarto. Tampoco podía adivinar que la mitad de la fe en Dios, que le habían inculcado de niño, se esfumaría con el fallecimiento de su padre.

Gracias al inmenso esfuerzo de su madre y varias becas, pudo estudiar en la Universidad de California –UCLA- y doctorarse en Ciencias Físicas.

A causa del fallecimiento de su amada madre, perdió la otra mitad de la fe en la existencia de un Dios que le habían dicho que era Omnipotente, Omnisciente y la absoluta Bondad y Justicia.

























































































































































Capítulo 11

Casualidad, causalidad, sincronicidad.

Podríamos afirmar que existe la casualidad, la causalidad y cuando la causalidad afecta desde una autoconciencia a varias autoconciencias o, simplemente, conciencias, al mismo tiempo, quizás necesitaríamos utilizar el concepto de sincronicidad.

Para la casualidad, probablemente, exista una relación de causa y efecto, pero es tan difícil que podamos comprobarla que utilizamos este término.

Podríamos imaginar que alguien pierde una moneda, viajando en el metro en una hora punta, y otra persona se la encuentra. Intentar bucear en el “porqué”, sería hasta cierto punto una locura. Nos veríamos obligados a utilizar el término casualidad.

Respecto a la causalidad, poco se puede decir que no sepamos en líneas generales, así pues intentaremos exponer lo que nosotros pensamos que es la sincronicidad. Probablemente, una extensión de la ley de causa y efecto, donde la causa tiene que ser buscada fuera de lo que se denomina marco tridimensional físico.

Imaginemos la existencia de una mente prodigiosa que es capaz de influir en muchas mentes a la vez. Las personas que ejecutasen los pensamientos sugeridos por la mente directora, pero para ellas totalmente propios, podríamos afirmar que esos individuos están sujetos a la ley de sincronicidad, pues en estos instantes no habría posibilidad alguna de encontrar la causa.

Podríamos seguir unos pasos más allá hasta incluir la posible influencia de los pensamientos y sentimientos de los seres humanos en los reinos animal y vegetal, pero este tipo de conocimiento está fuera de nuestro alcance.

Nos conformamos con afirmar que hay ocasiones en las que la creación mental de un ser humano puede reflejarse en la mente de otro individuo. Hasta tal punto que, si el emisor escribe una escena imaginaria en un papel, el receptor puede soñarla mientras permanece dormido o en casos de perfecta sintonía, podría verlo directamente mientras el dibujando la está plasmando en el papel.

A la ciencia le gustaría comprobar esto, pero mientras no tenga en cuenta los centros de energía del ser humano y los diversos niveles de materia más sutiles del plano físico, además de la existencia de las almas, es probable que no encuentre la respuesta, y añadiríamos… afortunadamente. Pues, ¿podríamos imaginar si algunos irresponsables consiguiesen tan preciado poder? Esperemos que para cuando los seres humanos lleguen a poseer tan sagrada virtud, sus corazones estén despiertos al Amor. Podríamos añadir todavía que sólo cuando tengan sus corazones abiertos podrán lograr esos sutiles poderes.

Nos faltaría añadir que la ley de sincronicidad no solamente funciona dentro de la misma dimensión, sino que, cumpliendo ciertos requisitos, puede ejercer su influencia desde distintos niveles de conciencia o dimensiones.

Hay además una sugerencia que ya se ha hecho en otro apartado, pero que hay que recordar. Los puntos de conciencia, de luz y de amor, también denominados almas, perduran durante la existencia del Sistema Solar, de tal manera que el recuerdo de hechos pasados es conservado en aquellos individuos (almas) que tuvieron la suerte de vivirlo, aunque su cerebro (si están en encarnación física) no sea consciente de tan inestimable tesoro.

Es por todo ello que cuando alguien llega a comprender la ley de causa y efecto, así como su extensión: la ley de sincronicidad, es considerado con toda justicia un iniciado, pues es capaz de seguir el hilo de Ariadna a través de los diversos planos o dimensiones.

Esperemos, estimado lector, que no te hayas desanimado por esta disertación un poco abstracta; pero necesaria, si deseamos no perder el hilo que puede tener, para un lector casual, algunos de los acontecimientos aparentemente dispares que estamos relatando en este libro.







































Capítulo 12

El encuentro de “tres extraños”



Cuando David bajó finalmente de su nube, dejó con cariño “De Belén al Calvario” junto a la taza de café y se percató del libro que tenía su vecino de mesa.

-¿Cree usted que María, la madre de Jesús, era virgen? -preguntó David, sin pensarlo dos veces.

-Señor -respondió amablemente el sacerdote que estaba sentado en la mesa contigua-. Yo no hago conjeturas. Creo lo que hay escrito en los libros aceptados por la Santa Iglesia. Y en todos se dice que la madre era virgen, aunque para mí, no sería de suprema importancia, pues lo que se nos ha trasmitido de más valor, es el mensaje de amor de Jesucristo.

- Permítame que me presente. Me llamo David y soy de Barcelona. Llevo estudiando religiones comparadas y diversas filosofías desde hace más de treinta años, y la verdad es que no he encontrado ninguna que dé todas las respuestas oportunas, a las personas inteligentes, que pueblan nuestro pequeño planeta. También he estado estudiando durante más de tres lustros en La Escuela Arcana de Ginebra, investigando los mundos ocultos, sus ciclos, practicando asiduamente la meditación, llevando predominantemente un régimen alimenticio que podríamos denominar ovo-lacto-vegetariano.

-Es, pues, un místico –dijo el cura.

-Sí, así es. Si bien podría decirse que me acerco más al esoterismo, en el sentido de que además de una profunda devoción y admiración por el sacrificio que hizo Jesús el Cristo, intento compaginarlo con la razón científica y la discriminación mental.

-Entendido.

-He tenido –continuó David- una gran cantidad de experiencias psíquicas. Comprenderlas y aceptar las consecuencias derivadas de las mismas me ha costado bastante esfuerzo. He obtenido gran cantidad de pruebas de todo tipo, muchas de las cuales he podido constatar de forma fehaciente, por lo menos para mí, pero difíciles de trasmitir y demostrar de forma pública, aunque pretendo hacerlo parcialmente algún día.

Ambos se levantaron casi al mismo tiempo.

–Soy el padre Francisco -y extendió su mano izquierda.

-Encantado... ¿Es usted zurdo?

-Siempre intento dar la mano derecha, pero en ocasiones, la izquierda se anticipa a mis pensamientos y no puedo evitarlo -dijo sonriendo.

Todavía estaban disfrutando de la espontánea alegría que había salido de sus corazones, cuando se acercó a ellos un tercer hombre. Había permanecido expectante en una mesita cercana. Parecía tener unos sesenta y cinco, quizás setenta años.

-Disculpen.

-¿Sí? –contestó David.

-Me encantaría participar en su conversación.

Ambos le miraron sorprendidos

-¿Saben? Tuve el honor y la inmensa suerte de ser uno de los miembros del equipo de investigadores, al que el propio Vaticano autorizó para examinar la Sábana Santa. Eso sí, siempre y cuando no se sacara ni un solo hilo del lienzo. El proyecto se llamó “La sábana de Jesús”

Los rostros de David y de Francisco se iluminaron.

-Me llamo Charles Duward -se presentó mientras les daba la mano.

-¿Nos sentamos? –sugirió David.

-Estupendo -añadió el padre Francisco.

-Creo que es una buena idea. Mis piernas ya no son las de hace veinte años. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! -dijo Charles sonriendo y feliz cómo un niño.

-Tiene acento, diría yo, que americano -continuó David.

-¿Todavía se me nota?

-Un poco. También se expresa con un ligero acento catalán -añadió David.

-Soy de San Francisco, California, pero hace ya casi quince años, desde que estoy jubilado, que resido en Castelldefels, a veinte minutos de Barcelona.

-Sin duda fue afortunado- afirmó el padre Francisco.

-Sí. Así es. Aunque, cuando acudí al Vaticano en representación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, lo hice con el propósito oculto de descalificar lo que para mí no era nada más que un montaje publicitario, un lavado de imagen propiciado por la misma Iglesia.

-¿Y? –preguntó el padre Francisco con temor a una respuesta que pudiese menoscabar su fe en Cristo.

-A pesar, cómo les comento, de que era totalmente agnóstico, la investigación arrojó ciertas evidencias que me convencieron de que la sábana de Jesús parecía confirmar una realidad, digamos sobrenatural innegable y si me lo permiten, algún día les expondré algunas pruebas.

El padre Francisco abrió los ojos como si fuese un niño que contempla el juguete más maravilloso del mundo. David vislumbró instantáneamente que la “casualidad aparente” era sin lugar a dudas “la causalidad más evidente”.

-Hoy se nos ha hecho un poco tarde-comentó David-. Tal vez podríamos quedar un día a la semana o al mes, aquí o donde deseen. ¿Qué les parece cada sábado o el primer sábado del mes?

-Estupendo dijo Charles -pero por favor vamos a tutearnos.

-Yo sería el hombre más feliz de la Tierra -añadió Francisco-. Lo que ocurre es que algunos sábados no podré desplazarme desde Zaragoza.

-Por mi parte no hay problema si algún día quedamos allí. Y tú Charles ¿qué opinas?

-Iría encantado.

-Entonces no se hable más -confirmó David. El sábado que no puedas venir, iremos nosotros a verte.

-Estupendo, así os enseñaré el Seminario. Es un bello edificio.

-Bien -continuó David-. Si no ocurre algún imprevisto, nos vemos la próxima semana para que no se enfríe esto. Aquí mismo, en la cafetería, a las cinco de la tarde. Vamos a tomar nota de nuestros teléfonos por si se presenta algún inconveniente, ¿OK?

-¡Qué maravilla! -se expresó con enorme júbilo el sacerdote.

-Ya lo creo-terminó la conversación Charles.

Una noche oscura y fría había cubierto las calles de Barcelona, pero, paradójicamente para nuestros tres amigos, ellos sólo percibían el calor que daba nacimiento a una profunda amistad y una aventura que les elevaría hacia la luz más incluyente. No podían ni imaginar lo que la causalidad les estaba deparando. Alguien, en un lugar de sus mentes les había orientado. Una Conciencia, por la que los tres “extraños” sentían profunda reverencia en lo más profundo de sus almas, ayudaba con su ojo omnipresente en la ejecución de un propósito oculto. Ninguno de los tres se sentía obligado. Eran sus propias esencias inmortales las que respondían “al llamado” de Quien permanecía detrás de la escena.

Observado el asunto desde el punto de vista humano era casualidad.

Mirado desde el punto de vista de la Psicología, un profesional de la misma se atrevería a denominarlo cómo sincronicidad.

Desde el punto de vista del espíritu era causalidad.

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